El sector agrícola argentino enfrenta una creciente pérdida de competitividad, evidenciada por la reducción de 6.500 productores de soja desde 2021/22 hasta la campaña actual (2024/25), según datos del Instituto Nacional de Semillas (Inase). En solo cuatro años, el número de empresas sembradoras cayó de 60.619 a 54.055, reflejando una crisis en el campo.
La superficie sembrada con soja en 2024/25 alcanzó 15,2 millones de hectáreas, concentradas principalmente en Buenos Aires (31%), Córdoba (26,6%) y Santa Fe (17,8%). Sin embargo, la merma de productores indica un proceso de concentración en manos de grandes empresas, mientras los pequeños y medianos abandonan la actividad.
El uso de semilla fiscalizada (certificada) apenas llegó al 16,7%, lejos del 20% registrado hasta 2021/22, lo que sugiere un mayor recurso a semillas de uso propio o informales, en un contexto de costos elevados y menor rentabilidad, consignó un artículo publicado por el sitio especializado Bichos de Campo.
Las variedades Intacta (IPRO) cubrieron 40,3% del área, mientras que las Enlist (tolerantes a herbicidas) ocuparon 2,59 millones de hectáreas. Sin embargo, el promedio de antigüedad de las semillas con propiedad vigente es de 10 años, y las de dominio público superan los 24 años, lo que refleja falta de renovación tecnológica.
Solo 1,5% del área se destinó a soja no transgénica (232.794 hectáreas), principalmente para alimentación humana. Las variedades más usadas en este segmento son Don Mario 48 (1997) y K 6501 (2021), demostrando que incluso en este nicho persisten semillas antiguas.
La reducción de productores, sumada al uso decreciente de semillas certificadas y la dependencia de tecnologías con años en el mercado, plantea un escenario preocupante para la sostenibilidad del sector sojero. Sin políticas que revitalicen la rentabilidad y faciliten el acceso a innovación, la tendencia a la concentración y el estancamiento productivo podría profundizarse.